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Una apuesta por más calidad en el cuidado


5 de enero 2017 – Artículo: Revista Psicología Hoy

Existe un acuerdo general de que las instituciones no son el contexto óptimo para que un niño crezca, puesto que suelen presentar una serie de carencias en el cuidado, como la alta rotación de cuidadores, la falta de capacitación y especialización de los mismos, y un alta tasa de niños a cargo de un cuidador. Todo ello va a dificultar un trato personalizado, constante y predecible, lo que tendrá un impacto negativo en el desarrollo del niño. Los estudios han mostrado: déficit en funciones cognitivas, trastornos de apego y retrasos en el neurodesarrollo.

Si bien se estima que en el mundo más de 8 millones de niños que viven en instituciones, producto de situaciones que impiden que permanezcan en sus familias biológicas, como la pobreza extrema, la vulneración de los derechos, desastres naturales, guerras, etc., existe una tendencia internacional dirigida a políticas de desinstitucionalización a través de cuidados alternativos que permitan una modalidad de cuidado familiar, como las familias de acogida y la adopción.

Ambas permitirían interacciones uno a uno, estimulación adecuada a las necesidades de cada niño, estabilidad de los cuidadores principales, mayor capacidad para el cuidador de responder de forma “sensible” a las necesidades del niño, construyendo contextos estables y predecibles que permitan un mejor desarrollo socio-emocional y cognitivo.

En el caso del acogimiento familiar, 6.204 niños se encuentran en familias de acogida, aproximadamente el 74% de ellas corresponde a familia extensa del niño. Entre las dificultades que presenta este programa, se encuentran: la escasez de familias que quieran participar, el bajo apoyo económico y las dificultades respecto a la supervisión. En relación a adopción, el número de niños con causas de susceptibilidad de adopción iniciadas en el 2015 fue de 600. Las dificultades aquí, están puestas principalmente en el tiempo de espera del niño para ser susceptible de adopción, ya que primero se trabaja para conseguir la reunificación con su familia biológica. En este punto surgen interrogantes como: ¿será necesario poner un límite de tiempo para trabajar con la familia biológica? ¿Hasta qué grado de parentesco se sigue buscando a un adulto capaz de ser el tutor legal del niño? Preguntas que siguen siendo discutidas y que se vuelven relevantes porque a mayor edad del niño las posibilidades de encontrar una familia adoptiva van disminuyendo y la exposición a un entorno con carencias es mayor.

Frente a esta realidad y planteadas las dificultades, se podría decir que para alcanzar la meta de la desinstitucionalización se precisa de grandes esfuerzos y recursos, y que en el mejor de los casos ello tomará varios años. Por lo que se hace inevitable plantear la pregunta sobre qué hacer con los niños que hoy se encuentran en residencias y que probablemente seguirán en ellas durante un largo periodo de sus vidas. Es urgente pensar cómo mejoramos la calidad del cuidado que brindamos a estos niños. En esta línea, existen antecedentes internacionales que han buscado mejorar las residencias, mostrando mediante intervenciones en las mismas residencias resultados positivos en el desarrollo general de los niños. ¿En qué consistieron estas intervenciones? Principalmente se centraron en entrenar a los cuidadores, estimulando la cercanía y respuesta sensible ante las necesidades del niño, además, se incluyeron cambios estructurales tendientes a disminuir la rotación y el número de cuidadores principales por niño, entre otros.

Para concluir, nos encontramos en un momento de reflexión y debate respecto a las políticas de infancia, por ello como profesionales de la salud mental debemos continuar trabajando en apoyo a los cuidados alternativos para el bienestar general de los niños. Así como, debe existir una apuesta a mejorar las condiciones en la calidad del cuidado en las residencias. Y para esto aún queda mucho por hacer, como un primer paso parece necesario observar la diversidad de instituciones que existen en Chile, caracterizar a los niños y a las residencias. Y será a partir de ello que se pueda pensar en modelos de intervención que, guiados por experiencias positivas internacionales y nacionales, permitan mejorar la calidad en el cuidado residencial.

María Josefina Escobar
Investigadora CSCN – Escuela de Psicología

Fuente: Psicología Hoy – Universidad Alberto Hurtado.

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