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Estudio de Centro de Neurociencia: antes de decidir, el cerebro escucha al corazón


28 de agosto. – Aparición en prensa

Según investigación del recién creado centro de la Escuela de Psicología, el cerebro chequea las sensaciones corporales.

Se habla de alguien “cerebral” aludiendo a una persona que toma decisiones de manera fría, basada en datos externos y dejando de lado sus emociones. Pero las investigaciones en neurociencia contradicen esto, ya que, en realidad, el cerebro de cualquier persona escucha con atención al cuerpo antes de resolver qué hacer. Para esto chequea lo que sucede con las sensaciones corporales como la digestión, la respiración, y sobre todo el corazón.

La evidencia de esta sintonía entre la mente y el cuerpo fue corroborada en un trabajo colaborativo chileno-argentino. En él participaron investigadores del recién creado Centro de Neurociencia Social y Cognitiva de la Escuela de Psicología UAI y del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) de Buenos Aires.

El estudio, que fue aceptado para publicar por la revista británica Philosophical Transactions of the Royal Society B, evaluó la importancia de esta complicidad mente-cuerpo, justamente a través de la actividad cardíaca.

Esto, porque existe una certeza creciente de que el monitoreo cerebral de los latidos cardíacos es crucial para regular las emociones, para tener una buena conexión mental con las demás personas (empatía), y para tomar decisiones bajo incertidumbre.

Esto es algo conocido desde hace mucho tiempo por los budistas, quienes a través de técnicas como la meditación y el mindfulness, aprenden a escuchar lo que les está diciendo el cuerpo, así como a percibir las emociones y las tensiones que les afectan. Darse cuenta de lo que les pasa interiormente les permite reducir el estrés y tener la calma mental necesaria para actuar.

Entrenamiento mental

Para el psicólogo David Huepe, director del Centro de Neurociencia de la UAI, una forma de “aumentar la percepción de lo que le pasa al cuerpo es la práctica del mindfulness”. Con este entrenamiento, las personas aprenden también a reducir el estrés, a manejar la tensión emocional y hasta el dolor físico. “Incluso después de ocho semanas, se pueden observar algunos cambios estructurales en el cerebro como, por ejemplo, un aumento de la materia gris en ciertas áreas”, agrega Huepe.

Los beneficios para la salud de entrenar la mente han comenzado a conocerse gracias a la alianza entre la neurociencia y la meditación, que nació hace más de 10 años. En 2005, el doctor en psicología Richard Davison, de la U. Wisconsin-Madison, comenzó a estudiar el cerebro de decenas de monjes tibetanos que habían meditado miles de horas. Entre ellos, destacó el caso de Matthieu Ricard, quien exhibió un control drástico del estrés y la ansiedad en situaciones de fuerte tensión.

Pasada una década, estos estudios científicos se han multiplicado por el mundo, confirmando las ventajas que tiene ejercitar la mente.

“En el común de las personas, el monitoreo de los latidos cardíacos no es algo consciente. Algunos tienen más sensibilidad para esto y otros menos”, dice la neuróloga Andrea Slachevsky, directora alterna del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo (GERO), de la Universidad de Chile, y que participó en el estudio de la UAI. En todo caso, destaca que “siempre estamos monitoreando nuestro cuerpo, lo que influye en nuestras emociones y en las decisiones que tomamos”.

La doctora Jeza Salvo es psiquiatra especializada en el Reino Unido en Mindfulness Basado en Terapia Cognitiva. Se trata de una técnica en tres pasos que busca disminuir los altos niveles de ansiedad y prevenir las recaídas en las personas con depresión. “Para esto empezamos a entrenar la atención del paciente en cómo siente su cuerpo, esto es un paso inicial y fundamental”, dice la especialista. “Luego pasamos a enfocarnos en las emociones, las cuales también se sienten en el cuerpo. Finalmente, nos enfocamos en los pensamientos, que en estas personas pueden ser negativos, poco realistas y muy críticos”.

En el Reino Unido, esta técnica se ofrece como parte de su terapia a los pacientes del Sistema Nacional de Salud (NHS en inglés), por sus numerosos beneficios y ausencia de efectos adversos.

La doctora Salvo advierte, eso sí, que esta práctica debe ser continuada, ya que si se deja se pierden sus beneficios. En todo caso, existe la posibilidad de incorporar esta técnica en la vida diaria, y “enfocar la atención en lo que nos pasa mientras caminamos, comemos, nos lavamos los dientes o tomamos un baño de tina”, explica.

Fuente: Sebastián Urbina, Diario el Mercurio, Chile